Josemaría Escrivá Obras
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Parece ser que a la fundación contribuyeron tanto el piadoso Rey Don Alfonso, justamente llamado el Bueno y el Noble, y aun el Santo (10), como su esposa Doña Leonor (11), de quien partió el consejo, siendo doble el motivo que moviera el corazón de Don Alfonso a esta erección: el uno, dice MuÑiz (12), para que esta casa Real sirviese de entierro a los Señores Reyes, y el otro para retiro de las Señoras Infantas de Castilla, y para otras de la primera nobleza, que deseosas de servir a Dios en Religión, hallasen en esta Real casa proporcionado asilo a su alto carácter.

Dejemos a la pluma de ALONSO NÚÑEZ DE CASTRO referirnos el primero de dichos designios:

«Símbolo es el gusano de la inmortalidad: labra su sepulcro para bolar mariposa; la cárcel del sepulcro es el nido, que le forma alas, y que le dispone a los buelos. Este año en que entramos de mil ciento y ochenta y siete, se le contavan treinta y dos floridos Abriles a nuestro Rey Don Alonso, y por no agostarlos con el olvido de la mortalidad, achaque contagioso a los Príncipes, que se hereda con las Coronas, determinó labrarse en vida el sepulcro, para vivir aun después de muerto, pues vivo se supo portar como si fuese difunto. Para este fin escogió una vega distante quinientos passos de Burgos, donde dió principio a un Convento de Religiosas, tan suntuoso en la fábrica, que de Convento se quiere introducir a Palacio, tan magestuoso en las assistencias a lo sagrado, que puede tener lugar entre las Catedrales más insignes de Esparia, en lo casero tan autorizado, que no echan menos las hijas de los Príncipes, las pieças ostentosas en que nacieron: tan menudas las observancias Religiosas, que pueden ser exemplar a la recolección o descalcez más rigurosa» (13).

Por su parte, el Arzobispo DON RODRIGO nos da la siguiente noticia de la intervención de la Reina en la fundación y de su carácter espiritual:

«El noble Rey Alfonso, con muy elevado corazón, se reponía de la derrota de Alarcos. Mas, por complacer al Altísimo, edificó cerca de Burgos, a instancias de su serenísima esposa la Reina Leonor, un monasterio de monjas cistercienses, y lo dotó con muchas rentas y posesiones, de modo que las santas vírgenes, consagradas a Dios, que allí tan admirablemente le alaban día y noche, no padezcan indigencia ni escasez, sino que, regiamente acabados la fábrica, el claustro, la iglesia y demás dependencias, libres de preocupaciones, se recreen incesantemente en la contemplación y en la alabanza de Dios» (14).

(10) Afirma el P. ESTRADA que San Vicente Ferrer declaró, en un sermón predicado en Burgos, cómo le había sido revelado estar en la Bienaventuranza el rey_ fundador de Las Huelgas, (Cfr. JUAN ORTEGA Ritmo: Historia de España, II, Madrid, 1908, pág. 68.) A instancias de la Ilma. Sra. Doña Ana de Austria, Abadesa del Monasterio, se promovió, hacia el año de 1624, expediente de beatificación, siendo Pontífice Urbano VIII, pero fue interrumpido poco después. Cfr. JOSEPH MORENO CURIEL, en el notable prólogo de la obra: Jardín de flores de la gracia: Vida de la venerable Doña Antonia Jacinta de Navarra y de la Cueva, Abadesa del Real Monasterio de las Huelgas, Burgos, 1736.

(11) Vid. FIDEL FITA: Elogio de la reina de Castilla y esposa de Alfonso VIII, Doña Leonor de Inglaterra, en «Boletín de la Real Academia de la Historia», LIII, 1908, pág. 411 y s.

(12) Cfr. op. cit., pág. 17.

(13)Coronica de los Señores Reyes de Castilla, Don Sancho el Deseado, Don Alonso el Octavo y Don Enrique el Primero: En que se refiere todo lo sucedido en los Reynos de España, desde el año de mil ciento y treinta y seis, hasta el de mil y ducientos y diez y siete, Madrid, 1665, capítulo XXXV de la Coronica del Rey de Castilla Don Alonso Octavo, págs. 145 y 146.

(14) «Rex enim nobilis Aldefonsus de Alarcus corde altissimo reponebat. Sed ut Altissimo complaceret, prope Burgis ad instantiam serenissimae uxoris suae Alienor Reginae monasterium dominarum cisterciensis ordinis aedificavit, et multis reditibus et possessionibus variis sic dotavit, ut virgines sanctae, Deo dicatae, quae ibi die ac nocte laudabiliter Deo psallunt, nec inopiam sentiant nec defectum, sed structuris, claustro, et Ecclesia, et ceteris aedificiis regaliter consummatis, expertes sollicitudinis, in contemplatione et laudibus iugiter delectentur» (op. cit., folio 173). Al transcribir los documentos —y lo mismo en los textos de autores antiguos— se han puesto los signos de puntuación necesarios, para hacer más fácil su lectura, aunque conservemos en lo demás la ortografía original.

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