Josemaría Escrivá Obras
 
 
 
 
 
 
 
 
  La Abadesa de las Huelgas > La Abadesa y el Hospital del Rey > Punto 34
34

Con lo expuesto queda perfilada la autoridad de la Abadesa en la administración del Hospital. Vengamos ahora al examen de su jurisdicción espiritual sobre los Freyles, ejercida por la Abadesa antes y después de quedar aquéllos separados de los cargos administrativos.

Partamos de un hecho indudable: la profesión de los Freyles en manos de la Abadesa, realizada en la forma que nos refiere Muñiz (23), y de la que podemos deducir consecuencias importantes para nuestro objeto.

Sentada la Señora Abadesa a la reja llamada de la Comulgatoría en la iglesia del Real Convento, y colocado delante de sí un misal, la Regla de San Benito y encima la imagen de un sagrado Crucifijo, viene el Freyle Novicio (24) acompañado de uno de los Padres Confesores, del Comendador Mayor y otros Freyles, de un Notario y diferentes testigos. Híncase de rodillas ante la Prelada, y puestas sus manos sobre el santo Crucifijo, misal y Regla, pronuncia en voz alta, clara e inteligible la profesión siguiente:

«Yo N. Novicio en el Hospital del Rey, prometo toda mi obediencia, pobreza y castidad hasta la muerte a Dios nuestro Señor, y a la Iltma. Señora mi Señora Doña N. por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica Abadesa de este Real Monasterio de las Huelgas, mi Prelada, Señora, Superiora, Madre y legítima Administradora en lo espiritual y temporal de dicho Real Monasterio y su Hospital del Rey y de otros Monasterios sus Filiaciones, villas y lugares de su jurisdicción, Señorío y vasallage, y a sus sucesoras que fueren Abadesas y Preladas de él, según la Regla de nuestro Padre San Benito, y estatutos de la Orden de Císter. Y juro por Dios nuestro Señor, y por Santa María su Bendita Madre, y por las palabras de los Santos quatro Evangelios, do quiera que más largamente estén escritos, poniendo como pongo mi mano derecha en un Cristo crucificado, y en un libro misal, de guardar y cumplir todo lo susodicho, por mí prometido y jurado a toda mi posibilidad, y que procuraré el bien de este Real Monasterio, y el de su Hospital, sus bienes y haciendas y excusaré los daños que pudiera. Y digo, SI, JURO, Y AMEN.»

Ejecutado este acto solemne, le hacía la Abadesa una breve plática, para exhortarle al cumplimiento de lo profesado, y le daba a besar el hábito echándole como Madre la bendición. Firmaban esta profesión el Padre Confesor asistente, el Freyle que desempeñaba el cargo de Maestro de Novicios, el mismo Freyle que profesaba, y los testigos, dando fe el Notario asistente (25).

(23) Cfr. op. cit., tomo V, pág. 270. La fórmula de profesión del Comendador se encuentra en A. R. M., leg. 21, núm. 2.032.

(24) A la profesión precedía un año de noviciado en el mismo Hospital, conforme al Instituto cisterciense y Regla de San Benito.

(25) Las ocho Freylas juraban igualmente los tres votos en manos de la Abadesa. Para las Freylas se buscaban Dueñas honradas, según dice la Real Cédula de Carlos V a que antes nos hemos referido (vid. supra, nota 14).

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