Josemaría Escrivá Obras
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Ya por lo que se refiere al nombramiento de la Ilustrísima Prelada, si bien encontramos al Obispo de Burgos, en varias ocasiones, en la ceremonia de la bendición, no es menos cierto que él no intervenía en la confirmación de la Abadesa.

Véanse si no las confirmaciones hechas por los Nuncios de Su Santidad que obran en el Archivo del Real Monasterio; entre otras, de Doña Francisca Manrique, en 1570 (1); de Doña Felipa Bernarda Ramírez de Arellano, en 1683 (2), y de Doña María Magdalena Villarroel Cabeza de Baca, en 1720 (3).

Entre los privilegios pontificios que disfrutaba el Real Monasterio es oportuno citar el concedido por Gregorio IX en Bula fechada en Perusa a 9 de julio de 1235, año noveno de su pontificado, disponiendo que la bendición de sus Abadesas se hiciese siempre en Las Huelgas, a no impedirlo alguna causa razonable, aunque hubiese costumbre de que fuesen bendecidas en la Iglesia Catedral (4).

A propósito de esto se produjo en cierta ocasión un curioso y significativo incidente, que refiere RODRÍGUEZ LÓPEZ, al hablar de la Abadesa Doña Urraca Alfonso, segunda de este nombre (5).

En virtud de la disposición pontificia referida, la nueva Abadesa pidió al Obispo de Burgos, D. Fr. Fernando, que se dignase venir a bendecirla a la iglesia monasterial. Resistióse el Prelado al principio, según aparece en el documento que narra este suceso; alegaba que ninguna obligación tenía de hacerlo, y, por otra parte, que podía servir en lo porvenir de funesto precedente para sus sucesores. Pero intervino la Infanta Doña Blanca con sus ruegos y accedió por fin, no sin antes hacer firmar y sellar una carta a Doña Urraca Alfonso declarando que al venir a bendecirla y recibir la promesa de obediencia lo hacía «por gracia e por nos façer onrra e por ruego de la Infanta Doña Blanca. Et conoscemos que non sodes tenido de venir al nuestro monesterio a bendecir a nos, nin a otra Abbadessa ninguna. Et porque adelante esto non venga en preiudicio a la Iglesia de Burgos, damos nos esta carta sellada con nuestro sello».

No pareció esto al Obispo de Burgos suficiente garantía para dejar a salvo su derecho, y aún hizo más, pues el mismo día en que se celebró la aludida ceremonia, o sea el 6 de mayo de 1296, mandó que le acompañase Don Fernando Pérez, escribano público de la ciudad de Burgos, y varios testigos, y antes de dar comienzo al acto, en el coro del Real Monasterio, hizo leer la carta anterior, y, una vez leída, «dixo e protestó que la venida que la facía el de gracia, e por ruego de la Infanta Doña Blanca, mas non por que en otra manera el Obispo de Burgos sea tenido de venir y al Monasterio a bendecir abbadessa ninguna, e que por esta venida que él y fiçiera de gracia e por ruego de la Infanta como dicho es, non entendia facer preiudicio ninguno a Obispo nin a su Iglesia... e desto todo nuestro Señor el Obispo pidió a mi Ferrando Pérez, escribano sobredicho, quel diesse de todo esto carta pública».

Firman como testigos del acta anterior (6), además de las monjas Doña Mayor Gil, Superiora; Doña Mencia Díaz, cilleriza; Doña Marina Guillén, cantora; Doña María Ordóñez, sacristana; Doña Teresa Ruiz de Rojas y Doña Urraca García, cantora; los canónigos Don Miguel, abad de Frómista; Don Sancho Pérez, Abad de Salas; Don Pedro Mate Capiscol; los alcaldes de Burgos, Don Ruiz Domínguez y Don Domingo Ramos, y varios vecinos de la ciudad.

(1) A. M., leg. 8, núm. 273.

(2) A. R. M., leg. 8, núm. 278.

(3) A. R. M., leg. 8, núm. 279.

(4) A. R. M., leg. 6, núm. 262.

(5) Cfr. op. cit., I, pág. 176.

(6) Los documentos originales se encuentran en el archivo de la Catedral de Burgos, volumen 39, núms. 112 y 113.

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