Josemaría Escrivá Obras
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La Abadía de San Benito de Conversano (26) —según la leyenda, fundada por San Mauro—, muy favorecida por el Emperador Federico II, pasó a poder, bajo el Papa Clemente IV en el año 1266, y por intercesión de la Corte de Constantinopla, de las cistercienses huidas de Modon; su Abadesa procedía de la casa imperial de los Paleólogos. Con el convento adquirió también la Abadesa la jurisdicción, que hasta entonces pertenecía al Abad nullius, sobre el Clero y el pueblo de Castellana y los restantes derechos del Monasterio; aunque Conversano formaba una diócesis propia, con la excepción de la Abadía de San Benito, y el Obispo y la Abadesa residían en el mismo lugar.

Naturalmente, no faltaron conflictos, pues tras la Abadesa nullius, llamada por BARONIO Monstruum Apuliae, estaban sus poderosos patronos los Reyes de Nápoles y de Sicilia, y esto era motivo de que la mayor parte de aquellos Obispos no se encontraran bien en su sede. Como desde 1751 el Vicario general de la Abadesa era también un Obispo, al de Conversano no le quedaba nada que hacer (27).

Cuando la nueva Abadesa elegida recibía sentada en su trono el homenaje de la clerecía de su territorio de la Castellana, llevaba guantes y sandalias de Pontifical, anillo y pectoral, mitra y báculo (28).

Aurora Accolti, última Abadesa nullius de Conversano, fallecida el año 1809, fue enterrada con ínfulas y báculo y las demás insignias episcopales. El clero y las monjas profesas le besaron la mano; las novicias, las rodillas, y las legas, los pies. Acudieron los cuatro Obispos próximos para rendir el último homenaje a la Prelada. Las exequias tuvieron lugar en la Catedral, celebrando de pontifical el Vicario, y entre los cinco Obispos que impartieron la absolución se encontraba el de Conversano, que era el heredero universal espiritual de la difunta.

El Gobierno de Nápoles había ya incorporado en 1806 a la diócesis de Conversano el territorio de Castellana, lo que Pío VII confirmó canónicamente el año 1818, por medio de la Bula De utiliori.

(26) Tornamos estos datos del artículo de HANSER anteriormente citado.

(27) «Nichts mehr zu tun übrigblieb», dicc literalmcnte HA SER (loc. citada).

(28) Otra Abadesa italiana notable fue la de Luca, a quien—según BALDO—llamaban Episcopa por la gran jurisdicción de que gozaba (citado por MIGUEL DE FUENTES, Discurso, núm. 38, folio 21 vuelto).

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