Josemaría Escrivá Obras
 
 
 
 
 
 
 
 
  Amar a la Iglesia > El fin sobrenatural de la Iglesia > Punto 9
9

Es ésta una continua exigencia de la Iglesia, que si -por una parte- pone en nuestra alma el aguijón del celo apostólico, por otra, manifiesta también claramente la misericordia infinita de Dios con las criaturas.

Ved cómo lo explica Santo Tomás: el sacramento del bautismo puede faltar de dos modos. De una manera, cuando no se recibió ni de hecho ni con el deseo; es el caso de quien ni se bautizó ni quiere bautizarse. Esta actitud, en los que tienen uso de razón, implica desprecio del sacramento. Y en consecuencia, aquellos a quienes de esta forma les falta el bautismo, no pueden entrar en el reino de los cielos: ya que ni sacramental ni espiritualmente se incorporan a Cristo, y únicamente de El procede la salvación. De otra manera, le puede faltar a una persona el sacramento del bautismo, pero no su deseo: como es el caso de aquel que, deseando bautizarse, le sorprende la muerte antes de recibir el sacramento. A quien esto sucede, puede salvarse, aun sin el bautismo actual, por el solo deseo del sacramento, deseo que procede de la fe que obra por la caridad, por la que Dios, que no ligó su poder a los sacramentos visibles, santifica interiormente al hombre (Santo Tomás, S. Th. III, q.68, a.2).

Aun siendo completamente gratuita, a nadie debida por ningún título -y menos aún, después del pecado-, Dios Nuestro Señor no rehúsa a nadie la felicidad eterna y sobrenatural: su generosidad es infinita. Es cosa notoria que aquellos que sufren ignorancia invencible acerca de nuestra santísima religión, que cuidadosamente guardan la ley natural y sus preceptos, esculpidos por Dios en los corazones de todos, y están dispuestos a obedecer a Dios y llevan una vida honesta y recta, pueden conseguir la eterna, por la acción operante de la luz divina y de la gracia (Pío IX, encíclica Quanto conficiamur moerore 10-VIII-1863, Denzinger-Schön. 1677 (2866)). Sólo Dios sabe lo que sucede en el corazón de cada hombre, y El no trata a las almas en masa, sino una a una. A nadie corresponde juzgar en esta tierra sobre la salvación o condenación eternas en un caso concreto.

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