Josemaría Escrivá Obras
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Cuando San Pablo evoca este misterio, prorrumpe también en un himno gozoso, que hoy podemos saborear detenidamente: porque habéis de abrigar en vuestros corazones los mismos sentimientos que Jesucristo en el suyo, el cual, teniendo la naturaleza de Dios, no fue por usurpación, sino por esencia, el ser igual a Dios; y no obstante, se anonadó a sí mismo, tomando la forma de siervo, hecho semejante a los hombres y reducido a la condición de hombre. Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de Cruz.

Jesucristo, Señor Nuestro, con mucha frecuencia nos propone en su predicación el ejemplo de su humildad: aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. Para que tú y yo sepamos que no hay otro camino, que sólo el conocimiento sincero de nuestra nada encierra la fuerza de atraer hacia nosotros la divina gracia. Por nosotros, Jesús vino a padecer hambre y a alimentar, vino a sentir sed y a dar de beber, vino a vestirse de nuestra mortalidad y a vestir de inmortalidad, vino pobre para hacer ricos.

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