Josemaría Escrivá Obras
 
 
 
 
 
 
 
 
  Camino > Escrúpulos > Cap 10
258

Rechaza esos escrúpulos que te quitan la paz. —No es de Dios lo que roba la paz del alma.

     Cuando Dios te visite sentirás la verdad de aquellos saludos: la paz os doy..., la paz os dejo..., la paz sea con vosotros..., y esto, en medio de la tribulación.


259

¡Todavía los escrúpulos! —Habla con sencillez y claridad a tu Director.

     Obedece... y no empequeñezcas el Corazón amorosísimo del Señor.


260

Tristeza, apabullamiento. No me extraña: es la nube de polvo que levantó tu caída. Pero, ¡basta!: ¿acaso el viento de la gracia no llevó lejos esa nube?

     Después, tu tristeza —si no la rechazas— bien podría ser la envoltura de tu soberbia. —¿Es que te creías perfecto e impecable?


261

Te prohíbo que pienses más en eso. —En cambio, bendice a Dios, que volvió la vida a tu alma.


262

No pienses más en tu caída. —Ese pensamiento, además de losa que te cubre y abruma, será fácilmente ocasión de próximas tentaciones. —Cristo te perdonó: olvídate del hombre viejo.


263

No te desalientes. —Te he visto luchar...: tu derrota de hoy es entrenamiento para la victoria definitiva.


264

Te has portado bien..., aunque hayas caído así de hondo. —Te has portado bien, porque te humillaste, porque has rectificado, porque te has llenado de esperanza, y la esperanza te trajo de nuevo al Amor. —No pongas esa cara boba de pasmo: ¡te has portado bien! —Te alzaste del suelo: "surge", resonó de nuevo la voz poderosa, "et ambula!": ahora, ¡a trabajar!


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