Camino > Presencia de Dios > Punto 274
274

"Padre —me decía aquel muchachote (¿qué habrá sido de él?), buen estudiante de la Central—, pensaba en lo que usted me dijo... ¡que soy hijo de Dios!, y me sorprendí por la calle, 'engallado' el cuerpo y soberbio por dentro... ¡hijo de Dios!"

     Le aconsejé, con segura conciencia, fomentar la "soberbia".

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