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Aprovéchame el tiempo. No te olvides de la higuera maldecida. Ya hacía algo: echar hojas. Como tú...
No me digas que tienes excusas. No le valió a la higuera narra el Evangelista no ser tiempo de higos, cuando el Señor los fue a buscar en ella.
Y estéril quedó para siempre.
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