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Al perder aquellos consuelos humanos te has quedado con una sensación de soledad, como pendiente de un hilillo sobre el vacío de negro abismo. Y tu clamor, tus gritos de auxilio, parece que no los escucha nadie.
Bien merecido tienes ese desamparo. Sé humilde, no te busques a ti, ni busques tu comodidad: ama la Cruz soportarla es poco y el Señor oirá tu oración. Y se encalmarán tus sentidos. Y tu corazón volverá a cerrarse. Y tendrás paz.
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