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No esperes a la vejez para ser santo: ¡sería una gran equivocación!
Comienza ahora, seriamente, gozosamente, alegremente, a través de tus obligaciones, de tu trabajo, de la vida cotidiana...
No esperes a la vejez para ser santo, porque, además de ser una gran equivocación insisto, no sabes si llegará para ti.
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