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La fe verdadera se descubre por la humildad.
Dicebat enim intra se decía aquella pobrecita mujer dentro de sí: si tetigero tantum vestimentum eius, salva ero con sólo que toque la orla de su vestidura, quedaré sana.
¡Qué humildad la suya, fruto y señal de su fe!
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