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Desgarra el corazón aquel clamor ¡siempre actual! del Hijo de Dios, que se lamenta porque la mies es mucha y los obreros son pocos.
Ese grito ha salido de la boca de Cristo, para que también lo oigas tú: ¿cómo le has respondido hasta ahora?, ¿rezas, al menos a diario, por esa intención?
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