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¿Vacilas en lanzarte a hablar de Dios, de vida cristiana, de vocación..., porque no quieres hacer sufrir?... Olvidas que no eres tú quien llama, sino El: «ego scio quos elegerim» —yo sé bien a los que tengo escogidos.
Además, me disgustaría que, detrás de esos falsos respetos, se escondiera la comodidad
o la tibieza: ¿a estas alturas prefieres una pobre amistad humana a la amistad de Dios?
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