Josemaría Escrivá Obras
 
 
 
 
 
 
 
 
  Surco > Paz > Punto 859
859

Eres extraordinariamente feliz. A veces, cuando te das cuenta de que un hijo de Dios le abandona, sientes —en medio de tu paz y de tu gozo íntimos— un dolor de cariño, una amargura, que ni turba ni inquieta.

—Bien, pero... ¡a poner todos los medios humanos y sobrenaturales para que reaccione..., y a confiar con certidumbre en Jesucristo! Así, las aguas vuelven siempre a su cauce.

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