Josemaría Escrivá Obras
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Ibamos hace tantos aos por una carretera de Castilla y vimos, all lejos, en el campo, una escena que me removi y que me ha servido en muchas ocasiones para mi oracin: varios hombres clavaban con fuerza, en la tierra, las estacas que despus utilizaron para tener sujeta verticalmente una red, y formar el redil. Ms tarde, se acercaron a aquel lugar los pastores con las ovejas, con los corderos; los llamaban por su nombre, y uno a uno entraban en el aprisco, para estar todos juntos, seguros.

Y yo, mi Seor, hoy me acuerdo de modo particular de esos pastores y de ese redil, porque todos los que aqu nos encontramos reunidos —y otros muchos en el mundo entero— para conversar Contigo, nos sabemos metidos en tu majada. T mismo lo has dicho: Yo soy el Buen Pastor y conozco mis ovejas, y las ovejas mas me conocen a Mi. T nos conoces bien; te consta que queremos or, escuchar siempre atentamente tus silbidos de Pastor Bueno, y secundarlos, porque la vida eterna consiste en conocerte a Ti, solo Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien T enviaste.

Tanto me enamora la imagen de Cristo rodeado a derecha e izquierda por sus ovejas, que la mand poner en el oratorio donde habitualmente celebro la Santa Misa; y en otros lugares he hecho grabar, como despertador de la presencia de Dios, las palabras de Jess: cognosco oves meas et cognoscunt me me, para que consideremos en todo momento que El nos reprocha, o nos instruye y nos ensea como el pastor a su grey. Muy a propsito viene, pues, este recuerdo de tierras de Castilla.

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