Josemaría Escrivá Obras
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Contina la escena evanglica: y enviaron discpulos suyos —de los fariseos— con algunos herodianos que le dijeron: Maestro. Mirad con qu retorcimiento le llaman Maestro; se fingen admiradores y amigos, le dispensan un tratamiento que se reserva a la autoridad de la que se espera recibir una enseanza. Magister, scimus quia verax es, sabemos que eres veraz..., qu astucia tan infame! Habis visto doblez mayor? Andad por este mundo con cuidado. No seis cautelosos, desconfiados; sin embargo, debis sentir sobre vuestros hombros —recordando aquella imagen del Buen Pastor que aparece en las catacumbas— el peso de esa oveja, que no es un alma sola, sino la Iglesia entera, la humanidad entera.

Al aceptar con garbo esta responsabilidad, seris audaces y seris prudentes para defender y proclamar los derechos de Dios. Y entonces, por la entereza de vuestro comportamiento, muchos os considerarn y os llamarn maestros, sin pretenderlo vosotros: que no buscamos la gloria terrena. Pero no os extrais si, entre tantos que se os acerquen, se insinan esos que nicamente pretenden adularos. Grabad en vuestras almas lo que me habis odo repetidas veces: ni las calumnias, ni las murmuraciones, ni los respetos humanos, ni el qu dirn, y mucho menos las alabanzas hipcritas, han de impedirnos jams cumplir nuestro deber.

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