Josemaría Escrivá Obras
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Entre tantas escenas como nos narran los evangelistas, detengmonos a considerar algunas, comenzando con los relatos del trato de Jess con los doce. El apstol Juan, que vuelca en su Evangelio la experiencia de toda una vida, narra aquella primera conversacin con el encanto de lo que nunca se olvida. Maestro, dnde habitas? Dceles Jess: Venid y lo veris. Fueron, pues, y vieron donde habitaba, y se quedaron con El aquel da.

Dilogo divino y humano que transform las vidas de Juan y de Andrs, de Pedro, de Santiago y de tantos otros, que prepar sus corazones para escuchar la palabra imperiosa que Jess les dirigi junto al mar de Galilea. Caminando Jess por la ribera del mar de Galilea, vio a dos hermanos, Simn, llamado Pedro, y Andrs, su hermano, echando la red en el mar, pues eran pescadores. Y les dijo: seguidme y yo har que vengis a ser pescadores de hombres. Al instante los dos, dejadas las redes, le siguieron.

En los tres aos sucesivos, Jess convive con sus discpulos, los conoce, contesta a sus preguntas, resuelve sus dudas. Es s, el Rabb, el Maestro que habla con autoridad, el Mesas enviado de Dios. Pero es a la vez asequible, cercano. Un da Jess se retira en oracin; los discpulos se encontraban cerca, quiz mirndole e intentando adivinar sus palabras. Cuando Jess vuelve, uno de ellos pregunta: Domine, doce nos orare, sicut docuit et Ioannes discipulos suos; ensanos a orar, como ense Juan a sus discpulos. Y Jess les respondi: Cuando os pongis a orar, habis de decir: Padre, sea santificado tu nombre....

Con autoridad de Dios y con cario de hombre recibe igualmente el Seor a los Apstoles que, asombrados de los frutos de su primera misin, le comentaban las primicias de su apostolado: Venid a retiraros conmigo en un lugar solitario, y reposaris un poquito.

Una escena muy similar se repite hacia el final de la estancia de Jess sobre la tierra, poco antes de la Ascensin. Venida la maana, se apareci Jess en la ribera; pero los discpulos no conocieron que fuese El. Y Jess les dijo: muchachos, tenis algo que comer? El que ha preguntado como hombre, habla despus como Dios: Echad la red a la derecha del barco y encontraris. Echronla, pues, y ya no podan sacarla por la multitud de peces que haba. Entonces el discpulo aquel a quien Jess amaba, dijo a Pedro: Es el Seor.

Y Dios les espera en la orilla: Al saltar a tierra, vieron preparadas brasas encendidas y un pez puesto encima y pan. Jess les dijo: Traed ac de los peces que acabis de coger. Subi al barco Simn Pedro y sac a tierra la red, llena de ciento cincuenta y tres peces grandes. Y a pesar de ser tantos, no se rompi la red. Dceles Jess: Vamos, almorzad. Y ninguno de los que estaban comiendo osaba preguntarle: quin eres?, sabiendo que era el Seor. Acrcase Jess, y toma el pan y se lo distribuye y lo mismo hace con el pez.

Esa delicadeza y cario la manifiesta Jess no slo con un grupo pequeo de discpulos, sino con todos. Con las santas mujeres, con representantes del Sanedrn como Nicodemo y con publicanos como Zaqueo, con enfermos y con sanos, con doctores de la ley y con paganos, con personas individuales y con muchedumbres enteras.

Nos narran los Evangelios que Jess no tena dnde reclinar su cabeza, pero nos cuentan tambin que tena amigos queridos y de confianza, deseosos de acogerlo en su casa. Y nos hablan de su compasin por los enfermos, de su dolor por los que ignoran y yerran, de su enfado ante la hipocresa. Jess llora por la muerte de Lzaro, se ara con los mercaderes que profanan el templo, deja que se enternezca su corazn ante el dolor de la viuda de Naim.

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