Josemaría Escrivá Obras
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El trato de Jos con Jess

Desde hace tiempo me gusta recitar una conmovedora invocacin a San Jos, que la Iglesia misma nos propone, entre las oraciones preparatorias de la misa: Jos, varn bienaventurado y feliz, al que fue concedido ver y or al Dios, a quien muchos reyes quisieron ver y or, y no oyeron ni vieron. Y no slo verle y orle, sino llevarlo en brazos, besarlo, vestirlo y custodiarlo: ruega por nosotros. Esta oracin nos servir para entrar en el ltima tema que voy a tocar hoy: el trato entraable de Jos con Jess.

Para San Jos, la vida de Jess fue un continuo descubrimiento de la propia vocacin. Recordbamos antes aquellos primeros aos llenos de circunstancias en aparente contraste: glorificacin y huida, majestuosidad de los Magos y pobreza del portal, canto de los Angeles y silencio de los hombres. Cuando llega el momento de presentar al Nio en el Templo, Jos, que lleva la ofrenda modesta de un par de trtolas, ve cmo Simen y Ana proclaman que Jess es el Mesas. Su padre y su madre escuchaban con admiracin, dice San Lucas. Ms tarde, cuando el Nio se queda en el Templo sin que Mara y Jos lo sepan, al encontrarlo de nuevo despus de tres das de bsqueda, el mismo evangelista narra que se maravillaron.

Jos se sorprende, Jos se admira. Dios le va revelando sus designios y l se esfuerza por entenderlos. Como toda alma que quiera seguir de cerca a Jess, descubre en seguida que no es posible andar con paso cansino, que no cabe la rutina. Porque Dios no se conforma con la estabilidad en un nivel conseguido, con el descanso en lo que ya se tiene. Dios exige continuamente ms, y sus caminos no son nuestros humanos caminos. San Jos, como ningn hombre antes o despus de l, ha aprendido de Jess a estar atento para reconocer las maravillas de Dios, a tener el alma y el corazn abiertos.

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