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Los primeros Apóstoles, cuando el Señor los llamó, estaban junto a la barca vieja y junto a las redes rotas, remendándolas. El Señor les dijo que le siguieran; y ellos, statim inmediatamente, relictis omnibus abandonando todas las cosas, ¡todo!, le siguieron...
Y sucede algunas veces que nosotros que deseamos imitarles no acabamos de abandonar todo, y nos queda un apego en el corazón, un error en nuestra vida, que no queremos cortar, para ofrecérselo al Señor.
¿Harás el examen de tu corazón bien a fondo? No ha de quedar nada ahí, que no sea de El; si no, no le amamos bien, ni tú ni yo.
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